jueves, 19 de julio de 2018

Psiquiatría de los golpes de la calle...





Psiquiatría de los golpes de la calle


If you got A**S spread it around and take some lives
GG ALLIN

El nuevo día me asechaba, igual que un asesino. Ella aún sonreía por mis ocurrencias. Fue una velada magnífica. Recordé la tarde, el dosel de nubes que esbozaban la figura de un león rugiendo, también recordé el hermoso rostro de Beatriz; su misterioso cabello corto. «Ella tiene esa manía esnobista de comer mientras escucha jazz», me dije, «Sin embargo yo también tengo mis rarezas, siempre almuerzo viendo hacia la ventana, como buscando un dintel o tratando de descifrar el lenguaje del viento».
     Todo se volvió un poco tenso hacia el final, por mis estupideces. Nos acompañó por unos instantes el expresidente del país, quien al reconocerme preguntó si podía sentarse con nosotros. Asentí, inmediatamente le colocaron una silla junto a Beatriz. Minutos después él se molestó de tal modo que se abrían sus fosas nasales como un dragón a punto de escupir fuego.
     −Usted presume su brillante educación, piensa que todo lo que usted representa roza lo inmaculado; pero en realidad no entiendo. Usted es dueño de un diario amarillista, con editoriales atestadas de políticos corruptos, donde además se ve a los narcos como estrellas de cine con ribetes de violencia pornográfica, y así mismo, a dos vueltas de hoja, habla sobre maravillas moralistas y religiosas. ¡Qué paradoja para alguien que presume tanto!−, le dije, con mi cara zumbona y provocativa.
     El expresidente se levantó de la mesa (diplomáticamente, por supuesto) y en un santiamén desapareció con su ridículo séquito. Ciertamente, él hablaba con su cara vulgar y pretenciosa sobre su diplomado en Oxford cuando yo, como todo un Rambo, aparecí jodiendo su ultrajado discurso construido a base de lameculos.
     Poco después abandonamos el lobby, sin saber qué hacer, presas Beatriz y yo de un inagotable silencio. No hicimos más que subirnos al auto y alejarnos del lugar en una dirección cualquiera. Yo miraba los headlights del auto, los eucaliptos con los que a veces charlaba siempre que divagaba por esa avenida.
  
 −Qué va, árabe-indígena−, pensé, en voz alta.
     Beatriz entendía mi disgusto, sin embargo no decía nada. Absolutamente nada. Los demás automóviles y los árboles era lo único que nos hacía avanzar, eran nuestro idioma, nuestro diálogo.
     −Mi madre lidia con números y yo con la calle. Soy misántropo, ¿sabés? Antes bebía cascadas de alcohol, tenía miedo a estar solo, y cuando estaba acompañado no hacía más que actuar−, le dije.
    −En la vida ocurre lo que tiene que ocurrir−, expresó, con su hermosa voz pausada. –Eres una de las personas más emocionantes que he conocido−, añadió, poco después, sin quitar las manos del volante.
     Sonreí, siempre me ha gustado sonreír. No importan los porqués. Por eso caigo mal a personas que pasan por este callejón llamado mundo, porque me río de sus glorias y desgracias; porque todo, por más que le den otros tintes, no es más que una sutil comedia.
     −Aquí está bien que me dejés−, le dije, luego de distinguir a lo lejos mi casa. Ella aparcó el coche y puso la intermitentes. Entonces la besé y acaricié su frente. Luego salí del auto. Avanzaba por la acera pensando en qué Beatriz me fascinaba, pensando en su belleza.
     −Love ya!−, gritó, al pasar justo a mi lado.
     Saqué la mano de mi abrigo para lanzar un ademán de despedida. De pronto, a lo lejos, vislumbre tres siluetas, y escuché además como coreaban un marañero tropical. «Bueno, este es un país tropical. Yo soy un outsider  aquí», me dije. También pensé que se trataba de borrachos, pero cuando los distinguí gracias a la proximidad, supe que se trataba de tres hurones hijos de puta, y uno de ellos cargaba un puñal.
     −Pasá las mierdas rápido, hijo de puta−, me dijo uno de los cabrones. Entonces me rodearon. El hijo de puta del puñal estaba frente a mí, un tipo con aspecto de Shaggy se colocó a mi lado y el otro, con horrorosos problemas de acné, se posicionó detrás. 
     −Pasá la chumpa.
 «Fuck», me dije, y recordé a Eugene, mi amigo ucraniano que me regaló la jacket, cuando la fui a visitarlo a Odessa. Entonces el tipo del acné comenzó a cantar aquella tonada tropical, “con solo un beso”.
 
  −¡Las mierdas, hijo de puta, ponete vivo!−, gritó el cabrón del puñal.
     Entonces noté que el tipo con aspecto a Shaggy estaba nervioso, ni el alcohol y las drogas lo habían calmado, de hecho hicieron todo lo contrario.
     −Aquí está mi cartera−, les dije, seriamente. –Con esto les basta−.
     −No, ni pija, queremos todo.
     Entonces le asesté un puñetazo al Shaggy y le reventé la nariz. Calló al suelo sosteniéndose la cara. El otro tipo intentó sumergirme el puñal, pero pude desviar su ataque hacia mi estómago con mi mano izquierda, la que hirió profundamente. Entonces comenzamos a pelear.

 Soy un experto en el arte del pugilismo. Pude derribar al tipo del puñal, pero al otro tipo no, tenía la piel de cocodrilo. No tuve más remedio que utilizar mi jacket, con toda mi rabia como combustible y al estilo David frente a Goliat, como arma de guerra. Se la lancé, y en el momento en el que intentó cubrir con los brazos su rostro, lo arremetí al estilo Rocky Balboa.
     Ahí estaban, en el suelo, me resultó inevitable no disfrutar de mi gloria. Levanté mis brazos como Balboa, levanté del suelo mi jacket y la alzaba como al cinturón mundial. Gritaba y gritaba. Luego comencé a chorrearlos con la sangre de mi mano mientras continuaba gritándoles, pero esta vez diciéndoles que tenía aids, que estaban jodidos, por hijos de puta, que ahora ellos, como yo, tenían aids, y a medida que intentaban levantarse los embestía con mis Dc. Martens, cuando de pronto un automóvil se detuvo frente a nosotros.
     −¡Este cabrón está loco, súbanse, por eso te dije que trajeras la nueve de tu papá, imbécil!−, gritó el conductor.
     −¿Qué pedos con vos? Bajáte hijo de puta−, grité.
     Se subieron al auto y se largaron. «¿Qué clase de delincuentes son estos», me dije. En el suelo yacía el puñal. Lo tomé con una bolsa plástica y me dirigí a mi casa, sonriente.
  Hice sonar el timbre tres veces. Al entrar, mis gatos Blaker y Filipino maullaban a mi encuentro.
   
 −¿Estás herido?−, preguntó mi madre, algo asustada.
 
 Alcé mi brazo izquierdo, el mismo con el que me despedí de Beatriz, el mismo que ella me enseñó a alzar cuando me daba clases de matemáticas. También escondí el puñal al borde de un macetero, sin que ella lo notase.
     Mi madre comenzó a examinar mi mano, sin inmutarse, luego me llevó hasta la cocina y comenzó a desinfectarla. También hizo alrededor un torniquete.
«Los matemáticos son fríos», me dije.
     −Madre, el 1 es el número más solitario−
     Ella sonrió y me besó.
     −Tenemos que ir al hospital. Es una herida grave−
     Al salir, Blaker y Filipino jugueteaban con mi trofeo de guerra, con mi cinturón mundial. Lamían el puñal y lo mordían como si fuese una bola de ovillo. Sonreí. Mi madre, ya dentro del auto, sintonizó una pieza musical de E.T.A. Hoffman. «Ella está destinada a lidiar con números, con mis heridas. Yo siempre lidiaré con esto», me dije. No sé por qué me sentía como el psiquiatra de los golpes, el psiquiatra de estas calles. 


#xibalbastars y otros relatos

domingo, 1 de julio de 2018

Por fin te encontraron....


Y  por fin te encontraron los zopes, cabrón



Dar Darkos Barahona





Por guardar ese emblema divino
marcharemos ¡oh patria! a la muerte;
generosa será nuestra suerte
si morimos pensando en tu amor.
Defendiendo tu santa bandera,
y en tus pliegues gloriosos cubiertos,
serán muchos, Honduras, tus muertos,
pero todos caerán con honor.

Himno Nacional de Honduras


–¡Que no jodan estos cerdos! –gritó el chaparro con chispeantes ojos de maldad. Hizo una pausa, sacó su arma e hizo el simulacro que disparaba. –¡Hijos de puta! –añadió.
–Deberían de morir –interrumpió el más alto con voz grave y profunda y señaló al anciano, que avanzaba felizmente al estar en medio de dos tipejos miserables. Luego exclamó:
–¡Hay que dispararle ya!
Y el que vestía de traje negro, y tenía un semblante cruel, sacó su arma, hizo un disparo al aire y en sus espejuelos se reflejaba el  horror que causó a su alrededor. Hizo otro disparo al aire y gritó:
–¡Viejo hijo de puta!, ¡hoy sí papaíto, de esta no te escapas!
El anciano avanzó inseguro por el estallido de los disparos. Recordó sus días de atleta, sus días de futbolista, pidió al señor un milagro para poder huir, como aquellos días cuando anotaba goles y se iba a celebrar mesiánicamente entre los fanáticos. Pero tropezó, ya nada era igual: la vejez es como la pobreza, pensó antes de volverse a desmayar.
10 minutos después recobró el conocimiento, y de nuevo pensó en sus días de futbolista, pero se volvió a desvanecer. Algunos minutos más tarde, despertó por el ardor que sentía en la mano derecha, advirtió que le habían cortado el dedo índice; sentía un dolor intenso y cómo su sangre fluía y se estancaba a la vez. No podía ver nada, sus ojos estaban vendados con un trapo que apestaba a mierda de gallina. Comenzó a orar, aunque nunca se había aprendido una oración. A su mente vino Marinita, aquella niña que le gustaba pero que eliminó en un juego energúmeno, violento y sexual; su corazón se estremecía cada vez que la escuchaba hablar, pero no entendía qué le decía… era un lenguaje extraño. Todo se esfumó al escuchar que dijeron en coro a este lo vamos a eliminar.
Por favor díganme qué quieren tosió para agregar con sollozos hablen con mi familia, soy diabético e hipertenso.
¡Cállate, viejo cara de pija! gritó el que vestía de negro.
Yo soy ya un ser inservible hizo una pausa y continuó– dejen que la muerte me lleve tal como Dios quiere. Tosió de nuevo y el chaparro le asestó un fuerte golpe en el rostro.
Por favor, no me hagan daño –dijo lloriqueando e inmediatamente uno de los tipos le puso un esparadrapo y le recriminó:
Viejo cara de verga, ahora lloras, pero antes eras un hijo de puta cabrón.
El pobre anciano sintió algo frío en la sien, imaginó que era una nueve milímetros, y recordó sus días de gloria, sus días de dictador, sus días de whisky y de cipotillas, sonrió al recordar su último festín con aquellas menores de edad, recordó aquella vez que con su mejor amigo, al que mandó a eliminar después, tomaron a la fuerza a  Marinita, cipotilla de sociedad y la desaparecieron, la enterraron en una de sus lujosas propiedades, y gracias a la “caja chica” que creó para la prensa tarifada ocultó el escándalo, pero el sonido del cerrojo de la pistola interrumpió sus recuerdos. Entonces pensó en su mujer que le soportó toda la infernal estadía de dictador y megalómano.
Perdón dijo–, perdón Helena… perdón Marinita.
¡Ahora sí hijo de puta, que los zopes por fin te encuentren! dijeron en un temeroso coro que le recordó el soundtrack de Damián, una de sus películas favoritas,  y lo lanzaron como si fuese un saco lleno de tuzas, sintió un aire denso, luego el impacto en un charco de agua maloliente. Por un momento creyó haber caído en su natal Danlí, deseó sentir el olor a ocote, del que presumía en sus viajes al exterior ante los grandes mandatarios, pero no pudo sentirlo.
Volvió a lloriquear, a su mente llegaron los rostros de todas las personas que desapareció, imaginó que las lágrimas de éstos era la llovizna que ahora caía sobre su cuerpo. Los zopes son mis cómplices se dijo y a él llegó una imagen: los zopes sacándole los ojos en la portada de un diario, e imaginó el dolor por pocos segundos, pero enseguida se dijo mis hijos y mi mujer se están vengando, hizo una pausa, tragó saliva y sollozó: el pueblo sabe, no me encontraron nada, no soy culpable. ¡Mi esposa!, no, no.
Su mente quedó en blanco, pero él sentía la presencia de animales, especialmente de los cerdos que lo olfateaban, ¿qué día es hoy?, se preguntó y creyó que los cerdos lo devorarían. Escuchó a lo lejos el motor de un vehículo, es una Land Cruiser exclamó con alegría.
La camioneta se detuvo bruscamente y escuchó varias pisadas, son botas de soldados se dijo y sintió una extraña alegría. Percibió que eran jóvenes, le introdujeron con violencia algo en la boca, es un alicate se dijo y el anciano grito ¡mis dientes, no!
Inmediatamente, alguien detonó una ráfaga de disparos, los latidos de su corazón tomaron la misma velocidad de una m60 al disparar. Se desmayó. Al volver en sí, reconoció la voz del reportero que mandó a golpear por la publicación de una nota negativa, el anciano entre sollozos decía su nombre: José, José.
Escuchó el motor del automóvil que lo conducía, no era una Land Crusier. Distinguió que era una pick up, pero no reconoció la marca, imagino sentir, que ese coche era más cómodo y  su espalda estaba más relajada. Respiró pausadamente y dijo:
Gracias padre hermoso y celestial –exclamó, a pesar que siempre había sido ateo. Su boca estaba reseca, quiso pedir agua, pero desistió porque pensó que la podría pasar peor. El coche se detuvo.
Al fin salí de esta dijo con arrogancia.
Intentó distinguir el aroma del lugar donde estaba, pero estaba frío, muy frío, y sintió que le abrieron la piel, recordó su niñez nadando en el río Jalán, lo suturaron y creyó ver muchos hoyuelos, e imaginó que era un sueño al ver la luz que entraba por uno de esos huecos.
Qué raro dijo suavemente. Luego las imágenes y las luces desaparecieron, y dijo confundido: Es un foco. Se desmayó.

***
Advirtió que ahora iba en un Sedan, por el sonido del motor reconoció que era un Mercedes, que era su marca favorita, pues conocía a la perfección los autos alemanes. De repente escuchó a una joven mujer llorar.
–Se parece a la voz de mi hija –dijo. Quiso moverse pero desistió al suponer que lo iban a fulminar.
El coche se detuvo y escuchó su nombre entre sollozos y lamentos. El que conducía detuvo la marcha, abrió las puertas y dijo: Bájemelo.
Ahora adónde me llevan –se dijo recordando que desde joven había tenido éxito en todo, recordó a sus cinco hijos, a sus nietos, y de pronto lo bajaron entonces pensó que lo llevaban escondido o secuestrado en una caja, pero esta vez solo pudo escuchar una voz grave decir “Este viejo sí era basura”.
No, si yo no soy basura; quieren que les dé dinero exclamó mientras pensaba cómo había tratado de deshacerse de sus suegros y continuó:
Por qué estoy pensando en esto si ya le pedí perdón a Dios por lo que les hice susurró al instante en que recordó la vez que arrojó a su empleada doméstica por las gradas porque le comentó que estaba embarazada.
–¡Por qué putas no te cuidaste más, demonios! gritó.
En ese tiempo tenía 45 años, ¿no?... perdón –exclamó y dijoMaría perdóname.
Sentía que era llevado algún sitio desconocido para él.
Déjenlo ahí –escuchó a su esposa decir.
Se emoción al reconocer su voz y trató de golpear el cajón, imaginando que ya sabrían que él estaba escondido en esa extraña caja.
Hey Helena –creyó haber gritado. ¡Helena! volvió a gritar.
Puta, siempre creí que eras pendeja, pero nunca me imaginé que tanto comentó, recordando que cuando eran jóvenes le gustaba jugar que él era el diablo, la maltrataba y la castigaba quemándole cigarros en su espalda. Luego escuchó:
Y ya para qué vamos a ver a este bastardo –susurró el hijo menor. El anciano lo escuchó detenidamente y gritó:
Te voy a desheredar hijo de puta.
Luego lo movieron y mientras era trasladado pensó en hacer lo que hacía en el pasado: mandar a Dios a la mierda y que el diablo le pusiera de nuevo la corona, pero recordó el sueño donde le aparecieron el diablo y el cadáver de la aquella menor de edad, cuyo nombre no pudo recordar por extrañas razones. El cadáver y el demonio le decían que ya no servía por viejo, manipulador y sentimentalista, fracasado y aleluya impostor, demonio de charco… que ahora las iba a pagar todas y el cuerpo inerte de la adolescente le decía: Alere Flammam Veritatis. Al recordar la pesadilla, el anciano entró en pánico y se desvaneció. A los minutos gritó:
¡Ahora adónde me llevan! Si supieran estos imbéciles que voy escondido en este cajón y continuó:
Mierda, siempre han sido unos imbéciles, es por eso que odio a todo el mundo.
Luego alguien hablaba por un micrófono, pero no podía entender lo que decía. Solo pudo escuchar el reino de Dios, lo tenga en su gloria.
Ignoró esas palabras e intentó recordar a sus secuestradores, recordó la frase del más violento que los zopes te encuentren.
–¿Qué putas significa eso?, ah, pero esa voz se me hace conocida, ¡se parece un poco a la de mi yerno!, ¿pero adónde la he escuchado?, –analizó mientras era movido de nuevo. Enseguida algo cayó sobre la caja e hizo un gran estruendo.
–¡Puta!, es milagro que no me haya desmayado –pensó y alguien dijo:
Hasta Jesús le quiere pegar.
–¿Será algún nieto mío que ha de tener problemas con algún Jesús? –se preguntó.
–Creo que es mejor llevarlo en el mismo vehículo –escuchó decir.
Pendejos, si supieran que estoy aquí secuestrado, qué imbéciles dijo al momento que suspendían el cajón.
El conductor y su ayudante subieron al mismo tiempo.
Era un viejo cara de pija comentó el conductor y el ayudante reía como vieja maniática.
Dicen que se le miraba el cráneo y que los zopes le habían comido la mitad del cuerpo, hasta los cerdos se dieron su festín agregó el viejo y robusto conductor, y carcajearon en coro.
Sí que era maldito ese hijo de puta interrumpió el ayudante y siguió carcajeando.
Puta, a saber de qué cabrón están hablando estos pendejos, pero no parecen los mismos que me llevaban, ¿será estrategia?, no les conviene ser los mismos, pero en este cajón sigo secuestrado, pero cómodo –pensó el anciano y sintió su boca seca, quiso saborear su saliva, pero no pudo, entonces comentó:
–¡Ay!, ya se me olvidó cómo se hace esta mierda, estoy cansado, pero no siento necesario beber agua.
El coche se detuvo mientras él recordaba todos los millones que poseía, sonrió y se dijo:
–Es cierto: uno no se lleva nada cuando muere luego recordó lo hijo de puta que fue, sintió sueño.
Me siento como borracho o como cuando me operaron el hígado, después de la anestesia –pensó.
–Para hacer mi fortuna tuve que crear un cementerio de crímenes se dijo.
Volvió a recordar aquella menor de edad que acosó, violó y desapareció, pero esta vez recordó su nombre. Se la imaginó como demonio y gritándole no soy Marinita, soy el demonio, te dije que me las ibas a pagar.
Sintió temor, un temor extraño, como si entrara a un lugar frío y desconocido. Desvió su atención pensando en sus millones, sonrió.
Ni eso se lleva uno cuando muere carcajeó, y sintió que las fuerzas se le escapaban poco a poco.
–Cuando salga de esto iré con Helenita de rodillas hasta la Basílica de Suyapa, y haré donaciones a los feligreses más pobres –e intentó llorar y pedir perdón.
Se sintió asfixiado y que se elevaba, entonces miró hacia abajo y notó un cementerio y delirando dijo: ese no lo maté yo. Luego descendió y quedó estático por unos segundos, en ese lugar donde creía que lo tenían escondido. Enseguida pudo escuchar toc,toc,toc,toc en el exterior de su supuesto escondite, una carcajada malévola le hizo entrar en pánico y una voz le susurró:
Y los zopes por fin te encontraron cabrón –y volvió a escuchar la carcajada.
*****
El anciano fue enterrado después de ser encontrado en un potrero abandonado. Tenía una semana de muerto, ya los zopes habían devorado la mitad de su cuerpo, y los cerdos le devoraron el corazón, pulmones y el brazo derecho. Lo reconocieron por los hoyuelos de sus dientes de oro, que fueron extraídos. Su dedo índice fue cortado. Nunca nadie pudo encontrar a los responsables. Una teoría esotérica dice que demonios del pasado lo jodieron, otra teoría dice que el señor padecía de alzheimer y por eso se perdió, pero esa fue la versión que su señora publicó en un diario, un diario que fue cómplice de todos los crímenes que cometió el dictador.

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sábado, 9 de junio de 2018

Teguxibalba Underground


Lenin Nixon



Lenin Nixon
                      Dar Darkos Barahona
Te amo, a toda madre o un desmadre
son noches como estas, que me levanto la cabeza y sonrío
me olvido de los recuerdos que tocan como disco rayado
hasta la muerte
botellas en el aire, lado a lado
hasta la muerte
te amo, hermanos
Xibalba
         
                                                                        *              
Puto sol, pero hermoso. Veo sus rayos oblicuos cómo bañan mi ser, fuck, estoy en una especie de archipiélago de Gulag, ya no pinto como antes; mis extraños enemigos me abandonaron, pero vinieron otros, fuck! Veo a mi princesa maya dormir de una forma, que me recuerda la numerología angelical y me digo:  "cagada que la belleza es líquida " cogimos como caníbales, ella me escupía con una lascivia endemoniada, en ese mismo instante en que ella cabalgaba frenética y violentamente sobre mí, daba a entender que quería poseerme por completo, fijo sus antepasados eran herejes, aprendices de brujos, asesinos y viciosos, como los míos. Fijo que anda buscando que la libere de este mundo.
Enciendo un cigarro, fuck qué calor, tomo un sorbo de la cerveza, ¡el que descubrió el alcohol fue un verdadero genio! Recuerdo cuando conocí a mi princesa maya, en aquel lúgubre antro.
–Estudio cine en Cuba –dijo con aire arrogante.
–Ah, ¿sí? –dije sin emoción y pensé gran mierda esa.
–Vengo comenzando, ¿y vos?
–Estudio antropología del maíz, del machete y de la Malinche.
–Wow!, interesante –exclamó.
–¿Cómo?
–Wow, interesante.
Quién putas que estudia en Cuba dice wow! pensé y dije:
–No miento, estudié para técnico en agricultura.
Una tipa bajita y fornida se acercó a nosotros.
–Hola –me dijo.
–¿Qué hay? –exclamó con recelo mi princesa maya, ambas sonrieron infantilmente y dijeron al unísono:
–Somos pareja.
–Bien –gruñi imaginándome a la fornida dándole con un enorme dildo, y entonces me interrumpió:
–Pero cuando ando pedo me gustan las palomas…
–Eso es casi siempre –reclamó la chica fornida con enfado.
–¿Cómo te llamás? –pregunto mi princesa maya.
–Lenin –respondí suavemente.
–¿Te llamás Lenin?, wow! –exclamó con aire zumbón.
–Sí, pero hubiera querido llamarme Quiche Vuch.
–Ahh, ¿por qué?
–Soy descendiente de Xibalba. Carcajeo
–Ah ya…

“Vamos a bailar”, interrumpió la fornida para poner fin a nuestra plática y se fueron. Di la vuelta, encendí un cigarro, pensé qué caótico es todo aquí y recordé las palabras de la flaca “cuando ando pedo me gustan las palomas”, ah, pero siempre que yo ando ebrio sale algún pendejo como el que en ese instante me cortó el paso y dijo:
–Hey solo a pija te miro.
Solo pensé ¿y a qué se viene a los bares?, si quiero hacer vida social y aparentar que soy un tipo ubersexual no vendría aquí. Le solté un sarcasmo disfrazado de halago:
–Vos no deberías de venir aquí. Vos serías un buen pastor… deberían construir una iglesia a la par de cada bar.
–No jodás, me valés pija –respondió molesto y desapareció de mi vista.
Sonrío y la bartender me sonríe, observo que tiene buenas tetas, me coquetea, yo enciendo otro cigarro. “Cortesía de la casa Nixon”, dice dándome un tequila.
“Nixon” repito y recuerdo que me llamo Lenin Nixon López, qué locura de mi padre, full izquierda caníbal y qué locura de mi madre: derecha plot, Dónde puta tenían la cabeza para procear dos hijos, se cagaron en nosotros, recuerdo a mi padre y sus consignas “vamos pueblo”, “hasta la victoria pueblo” pero en aquella puta milpa casi todos eran mis medios hermanos y a ninguno reconoció y a ninguno ayudó, solo a nosotros. “Vamos pueblo” decía y andaba un BMW y usaba Hugo Boss… viejo cabrón. Mi madre como dije es derecha plot, casi no me gusta hablar de sus estados de locura fast and light, porque respeto a esa madame. Ellos me pusieron así para finiquitar su puto divorcio, mi madre estaba a punto de parir, fue un puto acuerdo pero el jodido fui yo, por eso soy así, tengo fetiches con el líquido rojo, los jícaros y los machetes, pero nadie lo sabe. Cuando pueda me lo cambiaré a Quiche Vuch.
La princesa maya me sacó de mi pelea mental con un beso, creo que sentí tal como cuando las gotas de la lluvia caen sobre la milpa, mi cerebro se sintió como el señor sol, imaginé que mi cuerpo era un jícaro y recordé mi tattoo de jícaro en toda la espalda. Luego me dio otro beso y volvió a la pista de baile.
–Me marcho –le dije a la bartender.
–Buenas noches Nixon –dijo. Yo solo sonreí.
Al salir la flaca vino tras de mí, me abrazó y murmuró:
–Dame jalón, no quiero estar con ella.
Giré la vista a la derecha y miré a la chica fornida llorando, tomé a la flaca de las manos y le dije:
–Quedate con ella, no… no podés ir conmigo, yo no estoy bien.
–Llevame, no seás malo, no te las tirés de gran mierda, vos sabés qué quiero. Vaya, sacame de aquí.
Volteé a ver hacia mi auto y dije:
–Ok, vámonos.
La chica fornida corrió hacia nosotros y suplicó:
–No te la llevés, anda ebria.
Entré al auto, y la flaca entró.
–Me enamoré de vos, ¿pensás que no sé quién sos?… soy tu princesa maya.
Recordé el Popol Vuh.. Sonreí y volví a pensar en mi tattoo del jícaro. Conducía, ella se durmió un rato para pasar la borrachera, y pensé llegué a mi zotzi-ha.
La saqué del auto con cuidado, la cargué hasta la cama y besé su frente, acaricié su rostro y pensé tiene bonito cráneo y le susurré un viejo poema de un Ixpiyacoc.
–Tal vez has tenido panteras, leones, lobos, pero nunca un jaguar como yo –le dije.
                                                    **
Ella despertó. Me besó. Imaginé que éramos animales con conciencia esotérica, como en un ritual. Fornicamos. Vuelvo en mí, otra vez el puto calor y vuelvo a ver los rayos oblicuos del hermoso sol.
Ella se viste, voy al baño a refrescarme un poco el rostro, me abraza por atrás y dice que está lista.
Salimos a caminar un poco, vuelve la sensación de sentirme un Hunahpú-utiú y fuimos donde están los árboles de jícaro, recordé mi pequeño cementerio privado, a veces es muy visitado por Mama Cuch. Sonrío como maniático.
***
Saco el machete, observo la hoja de acero y sonrío. Ella tiene las pupilas dilatadas, sonríe. Ahora no sé si ella sonríe o llora, ¡qué encantadora escena!, sé que sus lágrimas están haciendo el amor con su estirpe. Inmediatamente noto cómo algunos jícaros pasan de verde a líquido rojo.




domingo, 20 de mayo de 2018

Hooligans


Números infinitos









Números infinitos

One Is The Loneliest Number –

Three Dog Night


Estaba parapléjico. Ya no quería ser ese old fantoche modelo de pasarela superficial, las circunstancias me dieron un nuevo ser, ¡fuck, los recuerdos!, fuck, son torturas, sobre todo esos recuerdos que para el mundo moderno son bellos, como lucir como galán de cine, o como lucir como un campeón del motocross, como lucir honesto y pulcro, como lucir como el yerno que toda madre desea tener, como tener hardcore sex como una estrella porno usando una cómica beret, y también como destruir corazones, e irse como una estrella fugaz. Era el árbol genealógico que mis conocidos envidiaban. Estaba en modo de soledad con desolación.

***

¿Recuerdas que pagabas por estar solo?, pues tu vida era un festín, eras un inmenso Cthulhu de placer y energía, ahora ninguno de aquellos te visita, solo comentan, murmuran y ronronean con falso sentimentalismo.
Estás sumergido en esto. A veces te sientes un monstruo en un pantano –o como una ascidia en el fondo del mar–, te irrita no recordar ningún mal momento, ningún momento que te hiciera sufrir, hasta ahora. No tienes la repuesta ni mucho menos la experiencia para afrontar tus tormentas; de nada sirve recordar los arrabales de tu ciudad, no te sirve recordar las chicas guapas, las milfs, tus amigos del “sí” infinito, las horas intensas en el gym, tus viajes a la costa, tus motos de Cross, te sientes tan solo azúcar fina para un anciano snob diabético, un producto más de la happy bunch family. Nunca habías tenido un enemigo de verdad.
Siempre entras y sales por las habitaciones de tus recuerdos, juegas dados con tus nervios, hasta aprendiste a fantasear y desear tu reflejo, al observarlo sobre los espejos colgados en las paredes de tus neuronas, pero al buscar tus piernas y tu brazo derecho te avergüenzas y dices: No hay nada que me sorprenda, esto aburre.
Tenías buena pinta, pero ahora… guácala. La vida da tantas sorpresas y por eso es hermosa. Piensas en los genes, tu adn, en la biología, la música, las ascidias, tus motos, en los arquetipos, en tu árbol genealógico, en las maldiciones, en la historia, en la biblia, en el mar, en tu apellido, en tus títulos, en tu educación, en tus novias, en tus locuras y en la velocidad; boom, te acuerdas de tu fatal accidente...
1, 2, 3, dices y de inmediato aparece ese habitación “sorpresa”, recuerdas el pánico que le tenías, pero lo supiste esconder por el “slogan” de lo fácil en abundancia, tienes suerte hoy, esa habitación solo pocos la saben encontrar, ya que el mundo fast & light la sepulta con sus golosinas.
Entras. Está intacta y a la vez todo es nuevo, ves las mesas y los muebles cubiertos con mantas que tienen números estampados: números primos y números naturales, hueles hasta su antigüedad. Una extraña energía te estremece, te excitas, piensas que tu paraplejia es solo un estado mental, y encuentras la ruta y un porqué continuar. Sonríes y ves al fin un mal recuerdo, siempre hablaste de los verdaderos enemigos, de encontrar uno para aprender de él y dices:

Sí, los números son infinitos y nunca los he enfrentado, jajaja.



domingo, 13 de mayo de 2018

A tu salud en Londres




A tu salud en Londres
Another secret for ya
I've been told if you want to make it in this game
You got to have the luck
You got to have the look
"The Man Who Would Be King" lyrics
The Libertines
+
–¡No jodas, imbécil! –le grité.
Observo con sumo detalle todos sus rasgos toltecas, su nariz aguileña, y sus ralas cejas, sus ojos achinados, sus lentes de contacto de color azul. El imbécil me sonríe, veo el detalle de sus chocoyos y pienso tiene razón este cabrón: me bebí sus cervezas y me cogí a su querida, tengo que pagárselas. Y continué:
–Iré por tus Fosters –, Tracy se levanta ebria y me pregunta
–¿Te llevo?
–No –le respondo a secas. Hago una pausa y me excuso.
–Quédate, quiero caminar.
Salgo y la leve brisa cae sobre mi rostro. Las diminutas gotas para mí son como arañitas haciéndome cosquillas, eso espanta un poco mi inútil estrés. Veo los inmensos árboles, los considero mis compas y seguido pienso ¿qué diablos hago aquí?, mejor me hubiese quedado en Berlín.
¿Para qué llegué a Londres?, ¿por qué me relacionaba con un ser tan iracundo, pendejo, aleluya, bipolar, junkie, sentimental, triplemoral, volátil y egoísta?, casi todos los latinos somos nefastos. Había estado contento, la hoodie fue un regalo sorpresa de Samy, estaba feliz, por eso tomé la cerveza y no reparé en la sed que teníamos con Tracy, una hoodie del West Ham United. No, no soy hooligan, eso siempre  me lo cuestioné. Pero tengo mal carácter, soy milpa híbrida boy, pero a veces metafóricamente me corto el mozote.
Pero en serio, este cabrón es un dolor de huevos. Si corro 6 kilómetros, el cabrón dice que cuando él estaba flaco corría 15 y a quién le importa eso; si vamos al super me cuestiona por qué no gasto igual que él, que  por qué no tengo una bike Trek como él, por qué solo bebo Guinness, alucineque de mierda. Después comienza con sus lamentos hipocondriacos que le duele la espalda, que las rodillas las tiene trituradas, en fin, mejor voy en busca de sus cervezas Fosters.
Cubro mi cabeza con la capucha de mi hoodie, y pienso en Tracy. La verdad me gusta esa flaca, tiene pechos aplanados y ojos que parecen dos lunas dibujadas en alta mar, pero es stripper y dealer, hace buen lapdance, me lo hizo ahí mismo, mientras el mexicano dormía; el cabrón tuvo doble turno, pero shh shh. ¡Qué puto enredo!, si Tracy se da cuenta que el mexicano no es español, que es ilegal o que ni siquiera se llama Pablo, seguro en una de sus rabietas llamaría a la oficina de inmigración y se lo jalan, ¡boom! O si Pablo, que no recuerdo cómo se llama, se da cuenta que Tracy y yo tenemos un affaire tóxico se arma una hecatombe de la que yo seré el ganador, porque él sería deportado. Pero no soy así. No es mi naturaleza, jejeje. Esa noche, Tracy me sugirió coquetamente después de mi lectura maligna y punk, que escribiera sobre su vida sexual, pero después atolondradamente cambió de tema. Me mencionó que al mexicano no se le para, obvio: mucho esnifa, también me contó que se ponía a llorar como un niño por todos los vergueos que pasó en la infancia, y que esa noche que salí del baño en toalla, comenzó su fijación. No se había fijado en mí porque el mexicano le decía que era un ser infernal, un hijodeputa, que amenazaba con asesinarlo y que una vez lo intenté violar, jejeje, qué tácticas de culero para dizque seducir chicas. También dijo que en una borrachera él le comentó que no era cierto lo que había dicho de mí, y que se sentía mal desde entonces. Tracy comenzó a pensar que el mexicano era gay y estaba enamorado de Dannyboy, que soy yo.
Avanzo, acelero mis pasos, me creo un escritor maldito, porque las chicas aquí si saben que eres escritor te tratan como royalty, eso es un plus, ¡puta!, faltan 3 kilómetros para llegar al supermercado Morrison, pero en Tesco es más barato, trato de ordenar mis pensamientos, estoy un poco ebrio. Tesco, me digo, pero está muy lejos; pienso en mi amigo el Eduar, puta, me hubiese ido a Moscú con el mae ese, primero íbamos a Milán y después a ver a su cachorrito a Lanzarote, luego a La Haya, pero por el puto trabajo no pude ir, ¡mierda!,  grito y a mi mente viene el recuerdo cuando fuimos a Camden Town con el mexicano, puta la pasamos de a verga, hasta se palabreó con un polaco por defenderme, pero como siempre el cabrón diciéndome cuidado con la ropa que compras aquí, a veces es cara y viene de Honduras, lo repitió casi todo el día, yo solo me cuestionaba por qué siempre saboteaba los buenos momentos, qué tipo de Adn tiene este mae y cómo fue su infancia, o qué arquetipos lo dominaban.
De repente, veo dos cajas de cervezas Fosters a lo lejos, seguido noto a tres individuos en la estación del autobús, un autobús que se tarda una hora para llegar a mi trabajo, el cual solo queda a 10 minutos. Recuerdo a mi jefa, la gorda nazi, cuando cayó hincada frente a mí, como haciendo el simulacro que me daba un Bj o como haciéndole un tributo a algún rey, ese fue un día hermoso en el Pub. La gorda nazi malcriada tuvo su payback, el headchef siempre me decía el karma la joderá todo el tiempo. Es una cunt, jejeje . Al acercarme más, noto que son solos chicos, uno es flaco, la chica muy hermosa de garbo elegante y sofisticado, me recuerda a Bailey Blue, y el otro chico es chubby y desvencijado, escucho que hablan con el típico acento británico de Hertfordshire, las palabras se tornan ininteligibles, y el flaco me grita:
–¿¡Qué putas piensas al vestir esa hoodie en mi barrio!? –y agrega que me va golpear, que es del Watford City, qué mierda, yo había olvidado ese detalle: la rivalidades de los encuentros de fútbol entre el  Watford y el West Ham United, pero es más con el Luton town, fuck it, son adolescentes confundidos, por la gran puta, estoy en zona de hooligans lights.
Y el otro, el chubby, se me acerca como si yo fuese un hooligan rival, alza los puños, pero no me estreso, u cunt!, solo eso le entiendo, la chica trata de calmar la tensión preguntándome:
–Are u right?!
El flaco corre hacia mí, brinca y simula como si va boxear conmigo, el chubby grita cosas que no entiendo, es un slang, está varios metros atrás. Me quito la capucha de mi hoodie, muestro el rostro, no tengo temor, alzo los puños, me voy hacia donde están ellos, y éstos al ver mis rasgos latinos retroceden y dicen en coro nerviosamente:
–No, no… mate* chicharito.
–Chapo... México cabrón –dice el flaco y sigue:
–¿Quieres cerveza, mate?… –y veo las cajas de Fosters, la chica me encanta.
Ella se acerca y me canta el coro de la canción despacito. Hace una pausa y continúa  que tiene fantasías con mexicanos y que el español es un idioma hermoso, que le enseñe. Sonrío, y seguido me pongo serio, porque ahora me hablan en un inglés entendible y pausado.
–¿Quieres cigarros? –pregunta aceleradamente el regordete y continúa:
–Yo en mi casa tengo un machete –sonríe y continúa –se… sería un honor pagarte para que me enseñes a usarlo.
¿Así? ­–le digo y pregunto con ojos chispeantes:
¿Cuánto por las Fosters, la caja?
–Es tuya por chicharito –dice el flaco sudando.
–Sí –interrumpe la chica y grita:
–¡Viva  México!
Tomo la caja y me marcho. Y me cuestiono: ¿para qué explicarles de dónde soy cuando para ellos siempre serás un mexicanboy?, qué dolor de huevos. Luego sonrío y pienso cerveza gratis, ahorré unos 15 pounds, avanzo pero me cuestiono si la hoodie es hecha en mi país como dijo el mexicano aquella vez en Camden Town, me desespero, pongo la caja de cervezas en el suelo, dicen que la curiosidad mató al gato, así que me quito la hoodie: made in Honduras dice la etiqueta, fuck.
¡Puta!, tiene razón ese cabrón. Tomo una cerveza, la destapo y digo a tu salud cabeza de verga, bebiéndomela de un trago.

*Mate: alero, amigo.