domingo, 13 de mayo de 2018

A tu salud en Londres




A tu salud en Londres
Another secret for ya
I've been told if you want to make it in this game
You got to have the luck
You got to have the look
"The Man Who Would Be King" lyrics
The Libertines
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–¡No jodas, imbécil! –le grité.
Observo con sumo detalle todos sus rasgos toltecas, su nariz aguileña, y sus ralas cejas, sus ojos achinados, sus lentes de contacto de color azul. El imbécil me sonríe, veo el detalle de sus chocoyos y pienso tiene razón este cabrón: me bebí sus cervezas y me cogí a su querida, tengo que pagárselas. Y continué:
–Iré por tus Fosters –, Tracy se levanta ebria y me pregunta
–¿Te llevo?
–No –le respondo a secas. Hago una pausa y me excuso.
–Quédate, quiero caminar.
Salgo y la leve brisa cae sobre mi rostro. Las diminutas gotas para mí son como arañitas haciéndome cosquillas, eso espanta un poco mi inútil estrés. Veo los inmensos árboles, los considero mis compas y seguido pienso ¿qué diablos hago aquí?, mejor me hubiese quedado en Berlín.
¿Para qué llegué a Londres?, ¿por qué me relacionaba con un ser tan iracundo, pendejo, aleluya, bipolar, junkie, sentimental, triplemoral, volátil y egoísta?, casi todos los latinos somos nefastos. Había estado contento, la hoodie fue un regalo sorpresa de Samy, estaba feliz, por eso tomé la cerveza y no reparé en la sed que teníamos con Tracy, una hoodie del West Ham United. No, no soy hooligan, eso siempre  me lo cuestioné. Pero tengo mal carácter, soy milpa híbrida boy, pero a veces metafóricamente me corto el mozote.
Pero en serio, este cabrón es un dolor de huevos. Si corro 6 kilómetros, el cabrón dice que cuando él estaba flaco corría 15 y a quién le importa eso; si vamos al super me cuestiona por qué no gasto igual que él, que  por qué no tengo una bike Trek como él, por qué solo bebo Guinness, alucineque de mierda. Después comienza con sus lamentos hipocondriacos que le duele la espalda, que las rodillas las tiene trituradas, en fin, mejor voy en busca de sus cervezas Fosters.
Cubro mi cabeza con la capucha de mi hoodie, y pienso en Tracy. La verdad me gusta esa flaca, tiene pechos aplanados y ojos que parecen dos lunas dibujadas en alta mar, pero es stripper y dealer, hace buen lapdance, me lo hizo ahí mismo, mientras el mexicano dormía; el cabrón tuvo doble turno, pero shh shh. ¡Qué puto enredo!, si Tracy se da cuenta que el mexicano no es español, que es ilegal o que ni siquiera se llama Pablo, seguro en una de sus rabietas llamaría a la oficina de inmigración y se lo jalan, ¡boom! O si Pablo, que no recuerdo cómo se llama, se da cuenta que Tracy y yo tenemos un affaire tóxico se arma una hecatombe de la que yo seré el ganador, porque él sería deportado. Pero no soy así. No es mi naturaleza, jejeje. Esa noche, Tracy me sugirió coquetamente después de mi lectura maligna y punk, que escribiera sobre su vida sexual, pero después atolondradamente cambió de tema. Me mencionó que al mexicano no se le para, obvio: mucho esnifa, también me contó que se ponía a llorar como un niño por todos los vergueos que pasó en la infancia, y que esa noche que salí del baño en toalla, comenzó su fijación. No se había fijado en mí porque el mexicano le decía que era un ser infernal, un hijodeputa, que amenazaba con asesinarlo y que una vez lo intenté violar, jejeje, qué tácticas de culero para dizque seducir chicas. También dijo que en una borrachera él le comentó que no era cierto lo que había dicho de mí, y que se sentía mal desde entonces. Tracy comenzó a pensar que el mexicano era gay y estaba enamorado de Dannyboy, que soy yo.
Avanzo, acelero mis pasos, me creo un escritor maldito, porque las chicas aquí si saben que eres escritor te tratan como royalty, eso es un plus, ¡puta!, faltan 3 kilómetros para llegar al supermercado Morrison, pero en Tesco es más barato, trato de ordenar mis pensamientos, estoy un poco ebrio. Tesco, me digo, pero está muy lejos; pienso en mi amigo el Eduar, puta, me hubiese ido a Moscú con el mae ese, primero íbamos a Milán y después a ver a su cachorrito a Lanzarote, luego a La Haya, pero por el puto trabajo no pude ir, ¡mierda!,  grito y a mi mente viene el recuerdo cuando fuimos a Camden Town con el mexicano, puta la pasamos de a verga, hasta se palabreó con un polaco por defenderme, pero como siempre el cabrón diciéndome cuidado con la ropa que compras aquí, a veces es cara y viene de Honduras, lo repitió casi todo el día, yo solo me cuestionaba por qué siempre saboteaba los buenos momentos, qué tipo de Adn tiene este mae y cómo fue su infancia, o qué arquetipos lo dominaban.
De repente, veo dos cajas de cervezas Fosters a lo lejos, seguido noto a tres individuos en la estación del autobús, un autobús que se tarda una hora para llegar a mi trabajo, el cual solo queda a 10 minutos. Recuerdo a mi jefa, la gorda nazi, cuando cayó hincada frente a mí, como haciendo el simulacro que me daba un Bj o como haciéndole un tributo a algún rey, ese fue un día hermoso en el Pub. La gorda nazi malcriada tuvo su payback, el headchef siempre me decía el karma la joderá todo el tiempo. Es una cunt, jejeje . Al acercarme más, noto que son solos chicos, uno es flaco, la chica muy hermosa de garbo elegante y sofisticado, me recuerda a Bailey Blue, y el otro chico es chubby y desvencijado, escucho que hablan con el típico acento británico de Hertfordshire, las palabras se tornan ininteligibles, y el flaco me grita:
–¿¡Qué putas piensas al vestir esa hoodie en mi barrio!? –y agrega que me va golpear, que es del Watford City, qué mierda, yo había olvidado ese detalle: la rivalidades de los encuentros de fútbol entre el  Watford y el West Ham United, pero es más con el Luton town, fuck it, son adolescentes confundidos, por la gran puta, estoy en zona de hooligans lights.
Y el otro, el chubby, se me acerca como si yo fuese un hooligan rival, alza los puños, pero no me estreso, u cunt!, solo eso le entiendo, la chica trata de calmar la tensión preguntándome:
–Are u right?!
El flaco corre hacia mí, brinca y simula como si va boxear conmigo, el chubby grita cosas que no entiendo, es un slang, está varios metros atrás. Me quito la capucha de mi hoodie, muestro el rostro, no tengo temor, alzo los puños, me voy hacia donde están ellos, y éstos al ver mis rasgos latinos retroceden y dicen en coro nerviosamente:
–No, no… mate* chicharito.
–Chapo... México cabrón –dice el flaco y sigue:
–¿Quieres cerveza, mate?… –y veo las cajas de Fosters, la chica me encanta.
Ella se acerca y me canta el coro de la canción despacito. Hace una pausa y continúa  que tiene fantasías con mexicanos y que el español es un idioma hermoso, que le enseñe. Sonrío, y seguido me pongo serio, porque ahora me hablan en un inglés entendible y pausado.
–¿Quieres cigarros? –pregunta aceleradamente el regordete y continúa:
–Yo en mi casa tengo un machete –sonríe y continúa –se… sería un honor pagarte para que me enseñes a usarlo.
¿Así? ­–le digo y pregunto con ojos chispeantes:
¿Cuánto por las Fosters, la caja?
–Es tuya por chicharito –dice el flaco sudando.
–Sí –interrumpe la chica y grita:
–¡Viva  México!
Tomo la caja y me marcho. Y me cuestiono: ¿para qué explicarles de dónde soy cuando para ellos siempre serás un mexicanboy?, qué dolor de huevos. Luego sonrío y pienso cerveza gratis, ahorré unos 15 pounds, avanzo pero me cuestiono si la hoodie es hecha en mi país como dijo el mexicano aquella vez en Camden Town, me desespero, pongo la caja de cervezas en el suelo, dicen que la curiosidad mató al gato, así que me quito la hoodie: made in Honduras dice la etiqueta, fuck.
¡Puta!, tiene razón ese cabrón. Tomo una cerveza, la destapo y digo a tu salud cabeza de verga, bebiéndomela de un trago.

*Mate: alero, amigo.