jueves, 9 de agosto de 2018

"Poor" mercancía...













“Hay quienes se consideran perfectos,  pero es sólo porque exigen menos de sí mismos”.  
   H.H.
 


«¡Te voy a azezinar!», así que pensé que la cosa era más grave de lo que aparentaba.
«¡Ayudá! ¡Por la gran puta!», gritó de nuevo MmBoy.     

El guacalaboy, como es su hábito, se fue a hurtadillas, como una balletista. Decidí entonces abrir mi coche, abrir la guantera y sacar el revolver, y ya cuando lo palpaba, pensé que no era la mejor idea, así que mejor giré la llave, encendí el auto, aceleré y me largué hacia el primer lugar donde pudiese comprar cervezas. Conducía lento, algo que me desagrada, y comencé a recordar mis días en el Festival de Cine de Basel, en Suiza; recordé la crisis existencial de aquel personaje anarquista de Alemania; recordé el puto Emden, la ciudad de Bremmen, Hamburgo, Berlín, Friburgo. Recordé mi último trabajo SJH. En ese pueblo había diez mil personas y cinco mil eran discapacitadas, y en medio del gentío, yo, el único latino, el pelo en la sopa, la mancha, así que la Polizei no dejaba de joderme. Solo a un loco como yo se habría ocurrido vivir en un pueblo así (incluso la Polizei me parecía tediosa y ridícula). Me detenían por cualquier cosa, incluso por bostezar. 
«Tienes que vestirte de otro modo. Ponte aretes, viste de naranja. Lo más llamativo posible, etcétera», decía mi jefa, cuando me quejaba con ella. Hasta que una noche me harté. Caminaba por la acera de las bikes, con mi amiga Eva. Eran las 11:45 de la noche. Debo reconocer que caminar a esa hora por ciertas zonas es prohibido, pero mucho más cargar un envase de Krombacher. Así que el coche policía se aparcó justo a mi lado y yo comencé a quejarme, incluso mi amiga se molestó.Fui detenido, por caminar en una puta acera.
 Horas después mi jefa llegó a la cárcel, pago una multa y me dijo en un tono nacionalsocialista: «Si no quieres respetar, vuelve a tu país. Actúas como si fueras el primogénito de un político corrupto».      
 Veo los árboles de acacias, los favoritos de Miti. Olvido todo. Esta sociedad está atestada de personas falsas. Los padres se hacen creer que sus hijos asisten a reuniones bonitas y perfumadas, en antros de champagne y cigarrillos eléctricos; pero qué va: se la llevan esnifando y fumando Stone. También se hacen creer que vivimos en una Honduras Walt Disney Resort. Malditos fantoches. Pero bueno. Los recuerdos continuaban allí, mientras avanzaba en el auto. Así que recordé el bello rostro de Eva (mi amiga que se la palabreo con la polizei), su forma de enviarme sexting. Sonrío al solo recordarla. De pronto recuerdo de nuevo a mi jefa, el día que me invitó a su casa para hablar sobre mis problemas. Me llevó a su jardín, vi el epitome de su lujosa mesa; no sé por qué pensé que los dorados escalopes a la milanesa y los rollos de carne rellenos de cebolla y tocino estaban puestos como trofeos de guerra. «Cambia. Vístete de naranja», continuaba diciéndome. Definitivamente era una milf full control. De fetiches raros. Quizá por ello siempre yacía forever alone. No inspiraba ni una pizca de ganas de besarla; imaginaba su forma de encarar el sexo: frívolo, tosco, controlador. Guácala con esa alemana, me dije, mientas tomaba el rollo de carne relleno de cebolla.  «Honduras: los millonarios habitualmente son políticos corruptos y líderes religiosos. Mente arcaica. La moda de los lujos. Es una pena. Lindo país tropical», añadió, mientras tomaba vino. Entonces me preguntó ruborizada: «¿No será que eres hijo de algún político corrupto?». Le respondí que no, orgullosamente. «Bueno, bienvenido», dijo, y noté que estaba ebria.
       Aparqué mi auto. ¿Por qué putas habría decidido llegar a la pulpería de los míticos vergueos, donde El Gordo y El Trigueño peleaban? Pensé en MmBoy. Un maldito religioso, político de pulpería y borracho junkie. Un vampiro energético, un tipo que solo viaja de su casa a la pulpe. ¿Qué pedos con toda esta gente? Recordé a mi compa Thiago, de Copacabana. Siempre me decía: «En las playas, no hay clases sociales. No te sientas el rey del buceo ni uses shorts gringos. Usa una sunga y muévete. Si te observan mal, eso es ganancia». Luego remató su discurso añadiendo: «Confusión y atraso, es la mina de oro del líder religioso y del típico político». Claro que en resumen plagiaba a Tony Montana; pero no importa, tenía razón.  Pensé de nuevo en mi jefa. Annika era su nombre. También pensé en Guacalaboy. Lo recordé huyendo del bacanal. Pero bueno. Cuando regresé de Londres en el aeropuerto estaban todos, con sus ideologías políticas echadas a un lado. El Sosoboy, El Guacalaboy,Tropicanaziboy, Nikky6,El ApacheBoy, SatanicBoy, Marijo, Regi, PanzerBoy y MmBoy. Este me abrazó y dijo, llenándome de saliva:      
  « I´am poor mercancía».

Volví en mí y dije 
                 Yo también 

jueves, 19 de julio de 2018

Psiquiatría de los golpes de la calle...





Psiquiatría de los golpes de la calle


If you got A**S spread it around and take some lives
GG ALLIN

El nuevo día me asechaba, igual que un asesino. Ella aún sonreía por mis ocurrencias. Fue una velada magnífica. Recordé la tarde, el dosel de nubes que esbozaban la figura de un león rugiendo, también recordé el hermoso rostro de Beatriz; su misterioso cabello corto. «Ella tiene esa manía esnobista de comer mientras escucha jazz», me dije, «Sin embargo yo también tengo mis rarezas, siempre almuerzo viendo hacia la ventana, como buscando un dintel o tratando de descifrar el lenguaje del viento».
     Todo se volvió un poco tenso hacia el final, por mis estupideces. Nos acompañó por unos instantes el expresidente del país, quien al reconocerme preguntó si podía sentarse con nosotros. Asentí, inmediatamente le colocaron una silla junto a Beatriz. Minutos después él se molestó de tal modo que se abrían sus fosas nasales como un dragón a punto de escupir fuego.
     −Usted presume su brillante educación, piensa que todo lo que usted representa roza lo inmaculado; pero en realidad no entiendo. Usted es dueño de un diario amarillista, con editoriales atestadas de políticos corruptos, donde además se ve a los narcos como estrellas de cine con ribetes de violencia pornográfica, y así mismo, a dos vueltas de hoja, habla sobre maravillas moralistas y religiosas. ¡Qué paradoja para alguien que presume tanto!−, le dije, con mi cara zumbona y provocativa.
     El expresidente se levantó de la mesa (diplomáticamente, por supuesto) y en un santiamén desapareció con su ridículo séquito. Ciertamente, él hablaba con su cara vulgar y pretenciosa sobre su diplomado en Oxford cuando yo, como todo un Rambo, aparecí jodiendo su ultrajado discurso construido a base de lameculos.
     Poco después abandonamos el lobby, sin saber qué hacer, presas Beatriz y yo de un inagotable silencio. No hicimos más que subirnos al auto y alejarnos del lugar en una dirección cualquiera. Yo miraba los headlights del auto, los eucaliptos con los que a veces charlaba siempre que divagaba por esa avenida.
  
 −Qué va, árabe-indígena−, pensé, en voz alta.
     Beatriz entendía mi disgusto, sin embargo no decía nada. Absolutamente nada. Los demás automóviles y los árboles era lo único que nos hacía avanzar, eran nuestro idioma, nuestro diálogo.
     −Mi madre lidia con números y yo con la calle. Soy misántropo, ¿sabés? Antes bebía cascadas de alcohol, tenía miedo a estar solo, y cuando estaba acompañado no hacía más que actuar−, le dije.
    −En la vida ocurre lo que tiene que ocurrir−, expresó, con su hermosa voz pausada. –Eres una de las personas más emocionantes que he conocido−, añadió, poco después, sin quitar las manos del volante.
     Sonreí, siempre me ha gustado sonreír. No importan los porqués. Por eso caigo mal a personas que pasan por este callejón llamado mundo, porque me río de sus glorias y desgracias; porque todo, por más que le den otros tintes, no es más que una sutil comedia.
     −Aquí está bien que me dejés−, le dije, luego de distinguir a lo lejos mi casa. Ella aparcó el coche y puso la intermitentes. Entonces la besé y acaricié su frente. Luego salí del auto. Avanzaba por la acera pensando en qué Beatriz me fascinaba, pensando en su belleza.
     −Love ya!−, gritó, al pasar justo a mi lado.
     Saqué la mano de mi abrigo para lanzar un ademán de despedida. De pronto, a lo lejos, vislumbre tres siluetas, y escuché además como coreaban un marañero tropical. «Bueno, este es un país tropical. Yo soy un outsider  aquí», me dije. También pensé que se trataba de borrachos, pero cuando los distinguí gracias a la proximidad, supe que se trataba de tres hurones hijos de puta, y uno de ellos cargaba un puñal.
     −Pasá las mierdas rápido, hijo de puta−, me dijo uno de los cabrones. Entonces me rodearon. El hijo de puta del puñal estaba frente a mí, un tipo con aspecto de Shaggy se colocó a mi lado y el otro, con horrorosos problemas de acné, se posicionó detrás. 
     −Pasá la chumpa.
 «Fuck», me dije, y recordé a Eugene, mi amigo ucraniano que me regaló la jacket, cuando la fui a visitarlo a Odessa. Entonces el tipo del acné comenzó a cantar aquella tonada tropical, “con solo un beso”.
 
  −¡Las mierdas, hijo de puta, ponete vivo!−, gritó el cabrón del puñal.
     Entonces noté que el tipo con aspecto a Shaggy estaba nervioso, ni el alcohol y las drogas lo habían calmado, de hecho hicieron todo lo contrario.
     −Aquí está mi cartera−, les dije, seriamente. –Con esto les basta−.
     −No, ni pija, queremos todo.
     Entonces le asesté un puñetazo al Shaggy y le reventé la nariz. Calló al suelo sosteniéndose la cara. El otro tipo intentó sumergirme el puñal, pero pude desviar su ataque hacia mi estómago con mi mano izquierda, la que hirió profundamente. Entonces comenzamos a pelear.

 Soy un experto en el arte del pugilismo. Pude derribar al tipo del puñal, pero al otro tipo no, tenía la piel de cocodrilo. No tuve más remedio que utilizar mi jacket, con toda mi rabia como combustible y al estilo David frente a Goliat, como arma de guerra. Se la lancé, y en el momento en el que intentó cubrir con los brazos su rostro, lo arremetí al estilo Rocky Balboa.
     Ahí estaban, en el suelo, me resultó inevitable no disfrutar de mi gloria. Levanté mis brazos como Balboa, levanté del suelo mi jacket y la alzaba como al cinturón mundial. Gritaba y gritaba. Luego comencé a chorrearlos con la sangre de mi mano mientras continuaba gritándoles, pero esta vez diciéndoles que tenía aids, que estaban jodidos, por hijos de puta, que ahora ellos, como yo, tenían aids, y a medida que intentaban levantarse los embestía con mis Dc. Martens, cuando de pronto un automóvil se detuvo frente a nosotros.
     −¡Este cabrón está loco, súbanse, por eso te dije que trajeras la nueve de tu papá, imbécil!−, gritó el conductor.
     −¿Qué pedos con vos? Bajáte hijo de puta−, grité.
     Se subieron al auto y se largaron. «¿Qué clase de delincuentes son estos», me dije. En el suelo yacía el puñal. Lo tomé con una bolsa plástica y me dirigí a mi casa, sonriente.
  Hice sonar el timbre tres veces. Al entrar, mis gatos Blaker y Filipino maullaban a mi encuentro.
   
 −¿Estás herido?−, preguntó mi madre, algo asustada.
 
 Alcé mi brazo izquierdo, el mismo con el que me despedí de Beatriz, el mismo que ella me enseñó a alzar cuando me daba clases de matemáticas. También escondí el puñal al borde de un macetero, sin que ella lo notase.
     Mi madre comenzó a examinar mi mano, sin inmutarse, luego me llevó hasta la cocina y comenzó a desinfectarla. También hizo alrededor un torniquete.
«Los matemáticos son fríos», me dije.
     −Madre, el 1 es el número más solitario−
     Ella sonrió y me besó.
     −Tenemos que ir al hospital. Es una herida grave−
     Al salir, Blaker y Filipino jugueteaban con mi trofeo de guerra, con mi cinturón mundial. Lamían el puñal y lo mordían como si fuese una bola de ovillo. Sonreí. Mi madre, ya dentro del auto, sintonizó una pieza musical de E.T.A. Hoffman. «Ella está destinada a lidiar con números, con mis heridas. Yo siempre lidiaré con esto», me dije. No sé por qué me sentía como el psiquiatra de los golpes, el psiquiatra de estas calles. 


#xibalbastars y otros relatos

domingo, 1 de julio de 2018

Por fin te encontraron....


Y  por fin te encontraron los zopes, cabrón



Dar Darkos Barahona





Por guardar ese emblema divino
marcharemos ¡oh patria! a la muerte;
generosa será nuestra suerte
si morimos pensando en tu amor.
Defendiendo tu santa bandera,
y en tus pliegues gloriosos cubiertos,
serán muchos, Honduras, tus muertos,
pero todos caerán con honor.

Himno Nacional de Honduras


–¡Que no jodan estos cerdos! –gritó el chaparro con chispeantes ojos de maldad. Hizo una pausa, sacó su arma e hizo el simulacro que disparaba. –¡Hijos de puta! –añadió.
–Deberían de morir –interrumpió el más alto con voz grave y profunda y señaló al anciano, que avanzaba felizmente al estar en medio de dos tipejos miserables. Luego exclamó:
–¡Hay que dispararle ya!
Y el que vestía de traje negro, y tenía un semblante cruel, sacó su arma, hizo un disparo al aire y en sus espejuelos se reflejaba el  horror que causó a su alrededor. Hizo otro disparo al aire y gritó:
–¡Viejo hijo de puta!, ¡hoy sí papaíto, de esta no te escapas!
El anciano avanzó inseguro por el estallido de los disparos. Recordó sus días de atleta, sus días de futbolista, pidió al señor un milagro para poder huir, como aquellos días cuando anotaba goles y se iba a celebrar mesiánicamente entre los fanáticos. Pero tropezó, ya nada era igual: la vejez es como la pobreza, pensó antes de volverse a desmayar.
10 minutos después recobró el conocimiento, y de nuevo pensó en sus días de futbolista, pero se volvió a desvanecer. Algunos minutos más tarde, despertó por el ardor que sentía en la mano derecha, advirtió que le habían cortado el dedo índice; sentía un dolor intenso y cómo su sangre fluía y se estancaba a la vez. No podía ver nada, sus ojos estaban vendados con un trapo que apestaba a mierda de gallina. Comenzó a orar, aunque nunca se había aprendido una oración. A su mente vino Marinita, aquella niña que le gustaba pero que eliminó en un juego energúmeno, violento y sexual; su corazón se estremecía cada vez que la escuchaba hablar, pero no entendía qué le decía… era un lenguaje extraño. Todo se esfumó al escuchar que dijeron en coro a este lo vamos a eliminar.
Por favor díganme qué quieren tosió para agregar con sollozos hablen con mi familia, soy diabético e hipertenso.
¡Cállate, viejo cara de pija! gritó el que vestía de negro.
Yo soy ya un ser inservible hizo una pausa y continuó– dejen que la muerte me lleve tal como Dios quiere. Tosió de nuevo y el chaparro le asestó un fuerte golpe en el rostro.
Por favor, no me hagan daño –dijo lloriqueando e inmediatamente uno de los tipos le puso un esparadrapo y le recriminó:
Viejo cara de verga, ahora lloras, pero antes eras un hijo de puta cabrón.
El pobre anciano sintió algo frío en la sien, imaginó que era una nueve milímetros, y recordó sus días de gloria, sus días de dictador, sus días de whisky y de cipotillas, sonrió al recordar su último festín con aquellas menores de edad, recordó aquella vez que con su mejor amigo, al que mandó a eliminar después, tomaron a la fuerza a  Marinita, cipotilla de sociedad y la desaparecieron, la enterraron en una de sus lujosas propiedades, y gracias a la “caja chica” que creó para la prensa tarifada ocultó el escándalo, pero el sonido del cerrojo de la pistola interrumpió sus recuerdos. Entonces pensó en su mujer que le soportó toda la infernal estadía de dictador y megalómano.
Perdón dijo–, perdón Helena… perdón Marinita.
¡Ahora sí hijo de puta, que los zopes por fin te encuentren! dijeron en un temeroso coro que le recordó el soundtrack de Damián, una de sus películas favoritas,  y lo lanzaron como si fuese un saco lleno de tuzas, sintió un aire denso, luego el impacto en un charco de agua maloliente. Por un momento creyó haber caído en su natal Danlí, deseó sentir el olor a ocote, del que presumía en sus viajes al exterior ante los grandes mandatarios, pero no pudo sentirlo.
Volvió a lloriquear, a su mente llegaron los rostros de todas las personas que desapareció, imaginó que las lágrimas de éstos era la llovizna que ahora caía sobre su cuerpo. Los zopes son mis cómplices se dijo y a él llegó una imagen: los zopes sacándole los ojos en la portada de un diario, e imaginó el dolor por pocos segundos, pero enseguida se dijo mis hijos y mi mujer se están vengando, hizo una pausa, tragó saliva y sollozó: el pueblo sabe, no me encontraron nada, no soy culpable. ¡Mi esposa!, no, no.
Su mente quedó en blanco, pero él sentía la presencia de animales, especialmente de los cerdos que lo olfateaban, ¿qué día es hoy?, se preguntó y creyó que los cerdos lo devorarían. Escuchó a lo lejos el motor de un vehículo, es una Land Cruiser exclamó con alegría.
La camioneta se detuvo bruscamente y escuchó varias pisadas, son botas de soldados se dijo y sintió una extraña alegría. Percibió que eran jóvenes, le introdujeron con violencia algo en la boca, es un alicate se dijo y el anciano grito ¡mis dientes, no!
Inmediatamente, alguien detonó una ráfaga de disparos, los latidos de su corazón tomaron la misma velocidad de una m60 al disparar. Se desmayó. Al volver en sí, reconoció la voz del reportero que mandó a golpear por la publicación de una nota negativa, el anciano entre sollozos decía su nombre: José, José.
Escuchó el motor del automóvil que lo conducía, no era una Land Crusier. Distinguió que era una pick up, pero no reconoció la marca, imagino sentir, que ese coche era más cómodo y  su espalda estaba más relajada. Respiró pausadamente y dijo:
Gracias padre hermoso y celestial –exclamó, a pesar que siempre había sido ateo. Su boca estaba reseca, quiso pedir agua, pero desistió porque pensó que la podría pasar peor. El coche se detuvo.
Al fin salí de esta dijo con arrogancia.
Intentó distinguir el aroma del lugar donde estaba, pero estaba frío, muy frío, y sintió que le abrieron la piel, recordó su niñez nadando en el río Jalán, lo suturaron y creyó ver muchos hoyuelos, e imaginó que era un sueño al ver la luz que entraba por uno de esos huecos.
Qué raro dijo suavemente. Luego las imágenes y las luces desaparecieron, y dijo confundido: Es un foco. Se desmayó.

***
Advirtió que ahora iba en un Sedan, por el sonido del motor reconoció que era un Mercedes, que era su marca favorita, pues conocía a la perfección los autos alemanes. De repente escuchó a una joven mujer llorar.
–Se parece a la voz de mi hija –dijo. Quiso moverse pero desistió al suponer que lo iban a fulminar.
El coche se detuvo y escuchó su nombre entre sollozos y lamentos. El que conducía detuvo la marcha, abrió las puertas y dijo: Bájemelo.
Ahora adónde me llevan –se dijo recordando que desde joven había tenido éxito en todo, recordó a sus cinco hijos, a sus nietos, y de pronto lo bajaron entonces pensó que lo llevaban escondido o secuestrado en una caja, pero esta vez solo pudo escuchar una voz grave decir “Este viejo sí era basura”.
No, si yo no soy basura; quieren que les dé dinero exclamó mientras pensaba cómo había tratado de deshacerse de sus suegros y continuó:
Por qué estoy pensando en esto si ya le pedí perdón a Dios por lo que les hice susurró al instante en que recordó la vez que arrojó a su empleada doméstica por las gradas porque le comentó que estaba embarazada.
–¡Por qué putas no te cuidaste más, demonios! gritó.
En ese tiempo tenía 45 años, ¿no?... perdón –exclamó y dijoMaría perdóname.
Sentía que era llevado algún sitio desconocido para él.
Déjenlo ahí –escuchó a su esposa decir.
Se emoción al reconocer su voz y trató de golpear el cajón, imaginando que ya sabrían que él estaba escondido en esa extraña caja.
Hey Helena –creyó haber gritado. ¡Helena! volvió a gritar.
Puta, siempre creí que eras pendeja, pero nunca me imaginé que tanto comentó, recordando que cuando eran jóvenes le gustaba jugar que él era el diablo, la maltrataba y la castigaba quemándole cigarros en su espalda. Luego escuchó:
Y ya para qué vamos a ver a este bastardo –susurró el hijo menor. El anciano lo escuchó detenidamente y gritó:
Te voy a desheredar hijo de puta.
Luego lo movieron y mientras era trasladado pensó en hacer lo que hacía en el pasado: mandar a Dios a la mierda y que el diablo le pusiera de nuevo la corona, pero recordó el sueño donde le aparecieron el diablo y el cadáver de la aquella menor de edad, cuyo nombre no pudo recordar por extrañas razones. El cadáver y el demonio le decían que ya no servía por viejo, manipulador y sentimentalista, fracasado y aleluya impostor, demonio de charco… que ahora las iba a pagar todas y el cuerpo inerte de la adolescente le decía: Alere Flammam Veritatis. Al recordar la pesadilla, el anciano entró en pánico y se desvaneció. A los minutos gritó:
¡Ahora adónde me llevan! Si supieran estos imbéciles que voy escondido en este cajón y continuó:
Mierda, siempre han sido unos imbéciles, es por eso que odio a todo el mundo.
Luego alguien hablaba por un micrófono, pero no podía entender lo que decía. Solo pudo escuchar el reino de Dios, lo tenga en su gloria.
Ignoró esas palabras e intentó recordar a sus secuestradores, recordó la frase del más violento que los zopes te encuentren.
–¿Qué putas significa eso?, ah, pero esa voz se me hace conocida, ¡se parece un poco a la de mi yerno!, ¿pero adónde la he escuchado?, –analizó mientras era movido de nuevo. Enseguida algo cayó sobre la caja e hizo un gran estruendo.
–¡Puta!, es milagro que no me haya desmayado –pensó y alguien dijo:
Hasta Jesús le quiere pegar.
–¿Será algún nieto mío que ha de tener problemas con algún Jesús? –se preguntó.
–Creo que es mejor llevarlo en el mismo vehículo –escuchó decir.
Pendejos, si supieran que estoy aquí secuestrado, qué imbéciles dijo al momento que suspendían el cajón.
El conductor y su ayudante subieron al mismo tiempo.
Era un viejo cara de pija comentó el conductor y el ayudante reía como vieja maniática.
Dicen que se le miraba el cráneo y que los zopes le habían comido la mitad del cuerpo, hasta los cerdos se dieron su festín agregó el viejo y robusto conductor, y carcajearon en coro.
Sí que era maldito ese hijo de puta interrumpió el ayudante y siguió carcajeando.
Puta, a saber de qué cabrón están hablando estos pendejos, pero no parecen los mismos que me llevaban, ¿será estrategia?, no les conviene ser los mismos, pero en este cajón sigo secuestrado, pero cómodo –pensó el anciano y sintió su boca seca, quiso saborear su saliva, pero no pudo, entonces comentó:
–¡Ay!, ya se me olvidó cómo se hace esta mierda, estoy cansado, pero no siento necesario beber agua.
El coche se detuvo mientras él recordaba todos los millones que poseía, sonrió y se dijo:
–Es cierto: uno no se lleva nada cuando muere luego recordó lo hijo de puta que fue, sintió sueño.
Me siento como borracho o como cuando me operaron el hígado, después de la anestesia –pensó.
–Para hacer mi fortuna tuve que crear un cementerio de crímenes se dijo.
Volvió a recordar aquella menor de edad que acosó, violó y desapareció, pero esta vez recordó su nombre. Se la imaginó como demonio y gritándole no soy Marinita, soy el demonio, te dije que me las ibas a pagar.
Sintió temor, un temor extraño, como si entrara a un lugar frío y desconocido. Desvió su atención pensando en sus millones, sonrió.
Ni eso se lleva uno cuando muere carcajeó, y sintió que las fuerzas se le escapaban poco a poco.
–Cuando salga de esto iré con Helenita de rodillas hasta la Basílica de Suyapa, y haré donaciones a los feligreses más pobres –e intentó llorar y pedir perdón.
Se sintió asfixiado y que se elevaba, entonces miró hacia abajo y notó un cementerio y delirando dijo: ese no lo maté yo. Luego descendió y quedó estático por unos segundos, en ese lugar donde creía que lo tenían escondido. Enseguida pudo escuchar toc,toc,toc,toc en el exterior de su supuesto escondite, una carcajada malévola le hizo entrar en pánico y una voz le susurró:
Y los zopes por fin te encontraron cabrón –y volvió a escuchar la carcajada.
*****
El anciano fue enterrado después de ser encontrado en un potrero abandonado. Tenía una semana de muerto, ya los zopes habían devorado la mitad de su cuerpo, y los cerdos le devoraron el corazón, pulmones y el brazo derecho. Lo reconocieron por los hoyuelos de sus dientes de oro, que fueron extraídos. Su dedo índice fue cortado. Nunca nadie pudo encontrar a los responsables. Una teoría esotérica dice que demonios del pasado lo jodieron, otra teoría dice que el señor padecía de alzheimer y por eso se perdió, pero esa fue la versión que su señora publicó en un diario, un diario que fue cómplice de todos los crímenes que cometió el dictador.

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sábado, 9 de junio de 2018

Teguxibalba Underground


Lenin Nixon



Lenin Nixon
                      Dar Darkos Barahona
Te amo, a toda madre o un desmadre
son noches como estas, que me levanto la cabeza y sonrío
me olvido de los recuerdos que tocan como disco rayado
hasta la muerte
botellas en el aire, lado a lado
hasta la muerte
te amo, hermanos
Xibalba
         
                                                                        *              
Puto sol, pero hermoso. Veo sus rayos oblicuos cómo bañan mi ser, fuck, estoy en una especie de archipiélago de Gulag, ya no pinto como antes; mis extraños enemigos me abandonaron, pero vinieron otros, fuck! Veo a mi princesa maya dormir de una forma, que me recuerda la numerología angelical y me digo:  "cagada que la belleza es líquida " cogimos como caníbales, ella me escupía con una lascivia endemoniada, en ese mismo instante en que ella cabalgaba frenética y violentamente sobre mí, daba a entender que quería poseerme por completo, fijo sus antepasados eran herejes, aprendices de brujos, asesinos y viciosos, como los míos. Fijo que anda buscando que la libere de este mundo.
Enciendo un cigarro, fuck qué calor, tomo un sorbo de la cerveza, ¡el que descubrió el alcohol fue un verdadero genio! Recuerdo cuando conocí a mi princesa maya, en aquel lúgubre antro.
–Estudio cine en Cuba –dijo con aire arrogante.
–Ah, ¿sí? –dije sin emoción y pensé gran mierda esa.
–Vengo comenzando, ¿y vos?
–Estudio antropología del maíz, del machete y de la Malinche.
–Wow!, interesante –exclamó.
–¿Cómo?
–Wow, interesante.
Quién putas que estudia en Cuba dice wow! pensé y dije:
–No miento, estudié para técnico en agricultura.
Una tipa bajita y fornida se acercó a nosotros.
–Hola –me dijo.
–¿Qué hay? –exclamó con recelo mi princesa maya, ambas sonrieron infantilmente y dijeron al unísono:
–Somos pareja.
–Bien –gruñi imaginándome a la fornida dándole con un enorme dildo, y entonces me interrumpió:
–Pero cuando ando pedo me gustan las palomas…
–Eso es casi siempre –reclamó la chica fornida con enfado.
–¿Cómo te llamás? –pregunto mi princesa maya.
–Lenin –respondí suavemente.
–¿Te llamás Lenin?, wow! –exclamó con aire zumbón.
–Sí, pero hubiera querido llamarme Quiche Vuch.
–Ahh, ¿por qué?
–Soy descendiente de Xibalba. Carcajeo
–Ah ya…

“Vamos a bailar”, interrumpió la fornida para poner fin a nuestra plática y se fueron. Di la vuelta, encendí un cigarro, pensé qué caótico es todo aquí y recordé las palabras de la flaca “cuando ando pedo me gustan las palomas”, ah, pero siempre que yo ando ebrio sale algún pendejo como el que en ese instante me cortó el paso y dijo:
–Hey solo a pija te miro.
Solo pensé ¿y a qué se viene a los bares?, si quiero hacer vida social y aparentar que soy un tipo ubersexual no vendría aquí. Le solté un sarcasmo disfrazado de halago:
–Vos no deberías de venir aquí. Vos serías un buen pastor… deberían construir una iglesia a la par de cada bar.
–No jodás, me valés pija –respondió molesto y desapareció de mi vista.
Sonrío y la bartender me sonríe, observo que tiene buenas tetas, me coquetea, yo enciendo otro cigarro. “Cortesía de la casa Nixon”, dice dándome un tequila.
“Nixon” repito y recuerdo que me llamo Lenin Nixon López, qué locura de mi padre, full izquierda caníbal y qué locura de mi madre: derecha plot, Dónde puta tenían la cabeza para procear dos hijos, se cagaron en nosotros, recuerdo a mi padre y sus consignas “vamos pueblo”, “hasta la victoria pueblo” pero en aquella puta milpa casi todos eran mis medios hermanos y a ninguno reconoció y a ninguno ayudó, solo a nosotros. “Vamos pueblo” decía y andaba un BMW y usaba Hugo Boss… viejo cabrón. Mi madre como dije es derecha plot, casi no me gusta hablar de sus estados de locura fast and light, porque respeto a esa madame. Ellos me pusieron así para finiquitar su puto divorcio, mi madre estaba a punto de parir, fue un puto acuerdo pero el jodido fui yo, por eso soy así, tengo fetiches con el líquido rojo, los jícaros y los machetes, pero nadie lo sabe. Cuando pueda me lo cambiaré a Quiche Vuch.
La princesa maya me sacó de mi pelea mental con un beso, creo que sentí tal como cuando las gotas de la lluvia caen sobre la milpa, mi cerebro se sintió como el señor sol, imaginé que mi cuerpo era un jícaro y recordé mi tattoo de jícaro en toda la espalda. Luego me dio otro beso y volvió a la pista de baile.
–Me marcho –le dije a la bartender.
–Buenas noches Nixon –dijo. Yo solo sonreí.
Al salir la flaca vino tras de mí, me abrazó y murmuró:
–Dame jalón, no quiero estar con ella.
Giré la vista a la derecha y miré a la chica fornida llorando, tomé a la flaca de las manos y le dije:
–Quedate con ella, no… no podés ir conmigo, yo no estoy bien.
–Llevame, no seás malo, no te las tirés de gran mierda, vos sabés qué quiero. Vaya, sacame de aquí.
Volteé a ver hacia mi auto y dije:
–Ok, vámonos.
La chica fornida corrió hacia nosotros y suplicó:
–No te la llevés, anda ebria.
Entré al auto, y la flaca entró.
–Me enamoré de vos, ¿pensás que no sé quién sos?… soy tu princesa maya.
Recordé el Popol Vuh.. Sonreí y volví a pensar en mi tattoo del jícaro. Conducía, ella se durmió un rato para pasar la borrachera, y pensé llegué a mi zotzi-ha.
La saqué del auto con cuidado, la cargué hasta la cama y besé su frente, acaricié su rostro y pensé tiene bonito cráneo y le susurré un viejo poema de un Ixpiyacoc.
–Tal vez has tenido panteras, leones, lobos, pero nunca un jaguar como yo –le dije.
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Ella despertó. Me besó. Imaginé que éramos animales con conciencia esotérica, como en un ritual. Fornicamos. Vuelvo en mí, otra vez el puto calor y vuelvo a ver los rayos oblicuos del hermoso sol.
Ella se viste, voy al baño a refrescarme un poco el rostro, me abraza por atrás y dice que está lista.
Salimos a caminar un poco, vuelve la sensación de sentirme un Hunahpú-utiú y fuimos donde están los árboles de jícaro, recordé mi pequeño cementerio privado, a veces es muy visitado por Mama Cuch. Sonrío como maniático.
***
Saco el machete, observo la hoja de acero y sonrío. Ella tiene las pupilas dilatadas, sonríe. Ahora no sé si ella sonríe o llora, ¡qué encantadora escena!, sé que sus lágrimas están haciendo el amor con su estirpe. Inmediatamente noto cómo algunos jícaros pasan de verde a líquido rojo.