lunes, 12 de junio de 2017

"Poor Mercancia"




‘POOR’ MERCANCÍA.

“Hay quienes se consideran perfectos,  pero es sólo porque exigen menos de sí mismos”.  H.H.


¡Puta! ¡A qué putas vine aquí! El pleito comenzó cuando El Gordo defendió La Alianza y El Trigueño, sin dar el brazo a torcer, a JOH. El primero es de El Sur; el segundo, de Patuca, Olancho. Así que la cosa estaba heavy shit.       
 MmBoy trató de tranquilizarlos; pero apenas logró aquietar el alegato unos segundos; las botellas vacías volaban por doquier, estrellándose sobre el concreto. Decepcionado, MmBoy me miró, como si todo aquello fuera mi culpa, y con su cuerpo de almohada haciendo gestos me gritó: «¡Ayudá! ¡Por la gran puta!». Escuché el ceceo de El Gordo gritando 
«¡Te voy a azezinar!», así que pensé que la cosa era más grave de lo que aparentaba.
«¡Ayudá! ¡Por la gran puta!», gritó de nuevo MmBoy.     

El guacalaboy, como es su hábito, se fue a hurtadillas, como una balletista. Decidí entonces abrir mi coche, abrir la guantera y sacar el revolver, y ya cuando lo palpaba, pensé que no era la mejor idea, así que mejor giré la llave, encendí el auto, aceleré y me largué hacia el primer lugar donde pudiese comprar cervezas. Conducía lento, algo que me desagrada, y comencé a recordar mis días en el Festival de Cine de Basel, en Suiza; recordé la crisis existencial de aquel personaje anarquista de Alemania; recordé el puto Emden, la ciudad de Bremmen, Hamburgo, Berlín, Friburgo. Recordé mi último trabajo SJH. En ese pueblo había diez mil personas y cinco mil eran discapacitadas, y en medio del gentío, yo, el único latino, el pelo en la sopa, la mancha, así que la Polizei no dejaba de joderme. Solo a un loco como yo se habría ocurrido vivir en un pueblo así (incluso la Polizei me parecía tediosa y ridícula). Me detenían por cualquier cosa, incluso por bostezar. 
«Tienes que vestirte de otro modo. Ponte aretes, viste de naranja. Lo más llamativo posible, etcétera», decía mi jefa, cuando me quejaba con ella. Hasta que una noche me harté. Caminaba por la acera de las bikes, con mi amiga Eva. Eran las 11:45 de la noche. Debo reconocer que caminar a esa hora por ciertas zonas es prohibido, pero mucho más cargar un envase de Krombacher. Así que el coche policía se aparcó justo a mi lado y yo comencé a quejarme, incluso mi amiga se molestó. Horas después mi jefa llegó a la cárcel, pago una multa y me dijo en un tono nacionalsocialista: «Si no quieres respetar, vuelve a tu país. Actúas como si fueras el primogénito de un político corrupto».      
 Veo los árboles de acacias, los favoritos de Miti. Olvido todo. Esta sociedad está atestada de personas falsas. Los padres se hacen creer que sus hijos asisten a reuniones bonitas y perfumadas, en antros de champagne y cigarrillos eléctricos; pero qué va: se la llevan esnifando y fumando Stone. Malditos fantoches. Pero bueno. Los recuerdos continuaban allí, mientras avanzaba en el auto. Así que recordé el bello rostro de Eva (mi amiga que se la palabreo con la polizei), su forma de enviarme sexting. Sonrío al solo recordarla. De pronto recuerdo de nuevo a mi jefa, el día que me invitó a su casa para hablar sobre mis problemas. Me llevó a su jardín, vi el epitome de su lujosa mesa; no sé por qué pensé que los dorados escalopes a la milanesa y los rollos de carne rellenos de cebolla y tocino estaban puestos como trofeos de guerra. «Cambia. Vístete de naranja», continuaba diciéndome. Definitivamente era una milf full control. De fetiches raros. Quizá por ello siempre yacía forever alone. No inspiraba ni una pizca de ganas de besarla; imaginaba su forma de encarar el sexo: frívolo, tosco, controlador. Guácala con esa alemana, me dije, mientas tomaba el rollo de carne relleno de cebolla.  «Honduras: los millonarios habitualmente son políticos corruptos y líderes religiosos. Mente arcaica. La moda de los lujos. Es una pena. Lindo país tropical», añadió, mientras tomaba vino. Entonces me preguntó ruborizada: «¿No será que eres hijo de algún político corrupto?». Le respondí que no, orgullosamente. «Bueno, bienvenido», dijo, y noté que estaba ebria.
       Aparqué mi auto. ¿Por qué putas habría decidido llegar a la pulpería de los míticos vergueos, donde El Gordo y El Trigueño peleaban? Pensé en MmBoy. Un maldito religioso, político de pulpería y borracho junkie. Un vampiro energético, un tipo que solo viaja de su casa a la pulpe. ¿Qué pedos con toda esta gente? Recordé a mi compa Thiago, de Copacabana. Siempre me decía: «En las playas, no hay clases sociales. No te sientas el rey del buceo ni uses shorts gringos. Usa una sunga y muévete. Si te observan mal, eso es ganancia». Luego remató su discurso añadiendo: «Confusión y atraso, es la mina de oro del líder religioso y del típico político». Claro que en resumen plagiaba a Tony Montana; pero no importa, tenía razón.  Pensé de nuevo en mi jefa. Annika era su nombre. También pensé en Guacalaboy. Lo recordé huyendo del bacanal. Pero bueno. Cuando regresé de Londres en el aeropuerto estaban todos, con sus ideologías políticas echadas a un lado. El Sauroboy, El Guacalaboy,Tropicanaziboy, Nikky6,El ApacheBoy, SatanicBoy, Marijo, Regi, PanzerBoy y MmBoy. Este me abrazó y dijo, llenándome de saliva:      
  « I´am poor mercancía».

Volví en mí y dije 
                 Yo también 



Mmboy (Mario Mendoza boy)

Pic : Annika Reinfelden

Yuscáran en Santa Tecla


Mercado, Santa Tecla


Pupusera, Santa Tecla


jueves, 1 de junio de 2017

ALGO NATURAL Y VERDADERO SOBRE TEGUCIGALPA


Qué relajo mental. No puedo asimilar nada. Estoy sobrecargado. Miro la guapa y gibosa luna. ¿Qué diablos hago aquí? Tegucigalpa es una ciudad extraña. Está loca, risueña, iracunda, salvaje. Es tan realista. Es tan estrella porno. Es tan asesina en serie, tan sexi; siempre tropical. ¿Qué pensará Tegucigalpa de quienes fingen ser felices con una selfie, de aquellos artífices del derroche que se creen royalty? Aquí todos odian pensar en su kit, en cómo tienen amueblada su mente. Pero lo sé, todo es falso. Tienen miedo de pensar en sí mismos. Puros fantoches, como dice DiabolikBoy. Miro los cipreses, las palmeras,los árboles de acacias del parque La Leona. El maldito alcalde los quiere cortar para, según él, modernizarlo. Maldito imbécil. Bien lo repite mi maestro de Jiu-jitsu: «El alcalde es árabe. A los árabes les fascinan los desiertos». También presto atención al estacionamiento. Algunos autos se mueven en forma de vals, como si sonara Strauss. Por supuesto: dentro están follando. Recuerdo entonces las palabras de TropicalBoy: «En el futuro todo se volverá máquinas y prótesis». También recuerdo que luego de soltar dicha frase el cabrón eructó. TropicalBoy lleva un tattoo en la espalda, en alusión a los truenos; apenas se distingue, ya que es muy trigueño. También evoco a su regordeta mujer, coqueteándome. Qué pijeo. Sólo dopado, enculado y loco podés vivir tranquilo en esta ciudad, como dice Juana la loca.
 Pero, en fin. Alargo la vista hacia los arbustos. Miro a un gato muy parecido al mío, a Esleyer (sí, así, con “E” al principio). Se acerca hacia mí, luego desaparece. ¿Será que los gatos son algún GPS alienígena? No sé. La pendejada está para reírse. También miro a las hormigas llevando en sus lomos pequeñas hojas. Claro, estamos en mayo. Mes de lluvias, inmigración de aves, de cumpleaños de gente querida y respetable. ¡Mierda! ¡Aún hay un vergueo en mí! ¡¿Quién puede hacer arder en llamas todo lo que hay en mi cabeza?!
 —Loco, cayó el 14. Qué mierda— dice el ApacheBoy, atizando con su voz chillona el cagadal en mi cerebro. 
 —¡No tenés algo mejor que decirme!— le grito.
 —Loco, andás amarguchi. Sereno, papaíto—me dice, mientras saca de sus bolsillos los boletos de la Loto. —Mirá: tengo el 12, 10, 00, 01, 41, 96, 24 y 33, y ninguno es el mierdero 14. ¡Por la gran puta! ¡¿Lo compraste o no?!—, añade, encorvándose.
 —¡No!— le grito, con ánimo de estamparle un doble jab. 
 —¿Y a vos qué te pasa?— me pregunta, como retándome. 
 —Hay un pijeo en mi cabeza, ¡no podés entender esa mierda! 
 —Tranquilo ombe, ¿pensás que sólo vos vivís en esta milpa? Jodás. Esto es pijeado. Lo bueno es que nosotros somos parejos— dice, eso último mientras mostraba los dientes que la tía Juanita le mandó a enderezar. Miro sus ojos, sus rasgos indígenas. Definitivamente se parece a Lempira; miro también sus pupilas, su iris verde de nubes grises. Aún no sé cuál de sus ojos es el que tiene bueno. Luego pienso en todo lo que dicen de nosotros. Entonces el caradepija sonríe, como si supiera lo que pienso. Pero bueno, ni a él y mucho menos a mí nos interesa esa marabunta de cerotes sentimentales, llenos de doble moral. Grupillos aleluyas, borreguiles. Inseguros de mierda. De pronto siento que levito. Miro al ApacheBoy mientras asciendo: lleva un sombrero justo como el que usa Slash, de Guns and Roses. También lleva puesto un blazer rojo, ajustado a su torso y a su pantalón banco. ¿Será que el cabrón se vistió de domador? Además parece al director de un circo, quien anuncia los actos uno a uno. ¡Joder! ¡Veo a los trapecistas! Los payasos hacen piruetas en el aire, caen de pie y extienden los brazos. Los árboles aplauden y el ApacheBoy menea el sombrero como si fuese un torero. Veo además a TropicalBoy, vestido como Hitler, con una capa con la A de anarquía. «¡Punk forever!», grita. ¡Fuck! También aparece IzquierdaBoy, vestido como el Ché, con una capa de oro y en ella el logo de una mazorca. «¡Guácala el inglés», grita rabioso.
 ¡Joder, joder! También está ExiliadoBoy, con cientos de euros pegados como sanguijuelas a su cuerpo, escribiendo «¡Vamos Pueblo!» en su muro de Facebook, con el celular que lleva entre las manos, «El pueblo unido jamás será vencido», se comenta él mismo. DerechaBoy aparece vestido de mago. También observo a ReligiosoBoy, igualmente vestido de mago. Ambos hacen artilugios y visten la ciudad de pobreza. ¡Y qué decir de PanzerBoy, ZauroBoy, ambos vestidos de hombres bala flamencos! ¡Y Madmixxx, sí, también está el Madmixxx, asegurando que Jehová y el santísimo Jesús acaban de enviarle una solicitud de amistad en Facebook! Canta “Cordero de Dios” en una versión Black Metal, además. Todos son enanos, pequeños que comienzan a pelear de forma infantil y cómica cuando de pronto ¡Plucks! Dejé de levitar. Me quedé absorto, meneando la cabeza como un imbécil. Entonces recuerdo que tomé del té que nos envió el Kraut de Potsdam, Alemania. Tomé junto a Marie y el ApacheBoy, hacía ya un cuarto de hora. Ella, Marie, nos dio ride hasta el parque La Leona. Se despidió sonriendo y escupiendo «Fick dich, scheisse». Comencé a recordar a Kraut. Hace muchos años vivía en La Vega. Recordé su pésimo español, el día que el watchman de la zona, al verlo en calzoncillos comprando en pulpería, le dijo:
 —Hey, compa, se le salió la verga. 
 —Sí. Aquí es La Vega— agregó Kraut, y se marchó como si nada. 
 Reía como un lunático mientras recordaba todo aquello. Hasta que (por enésima vez) el ApacheBoy me interrumpió. 
 —¿Cómo es aquella frase, “no me toqués, que estoy lleno de culebritas”? 
 —Don´t touch me I´am full of snakes. La escribió J.K— le digo. 
 —Awebos. No me toqués, que estoy lleno de veneno. No le dimos más vueltas al asunto. —

MilpaBoy, nosotros somos fieles— continúa el ApacheBoy.
 —Es mejor así. Tener tres o cuatro mujeres es un dolor de güevos. Sobre todo por las redes sociales. No estoy tan loco. 
 —Yo tampoco— dice el ApacheBoy, sonriente. 
—Aunque estos hijos de puta dicen que somos un par de maricones, sólo por no mujerear; pero no entienden. Vos sabés que tengo un mazacuate monumental. Allá en San Matías sobre las piedras que hay en los bordes del río nos medíamos la verga con los primos— añade. 
 —¡¿Cómo?! Fuck! ¿De qué estás hablando?— le dije. 
 —Como que mirés iguanas en las piedras. Es una manera arcaica, lo sé, pero para mí es un orgullo medirme el mazacuate. Es la única cosa en la que gano a mis primos. Nuestros antepasados así lo hacían; íbamos al rio, por el pija de calor que hace ahí, me entendés, y sobre las piedras nos acurrucábamos y poníamos el fierro, con cuidadito. Vos sabés, un mal movimiento y se te destempla. Mi tío Juan, a veces, escogía la piedra según la posición del sol; él es el árbitro, además, y con un yeso marcaba el tamaño. Sonaba el silbato tres veces al corroborar quien era el ganador. Un día de estos te lo presento. Es buena onda. Él es el que tiene el mazacuate más grande, y se lo cuida, lo pone en remojo en sangre de culebra o de toro, no podemos competir con él, así que mejor se hizo árbitro. Se lo mide en luna llena, nueve meses después nace un nuevo ApacheBoy. 
 —¿Es en serio lo que contás?— pregunté, asustado.
 —Sí, vo. Antes era mi tío Pedro quien tenía el más enorme mazacuate, después mi primo Caralampio y luego yo; mi tío Pedro está en la USA y mi primo Caralampio es chuleta, entonces mi tío Juan dijo que Caralampio lo tiene de adorno, que así no cuenta, que es una deshonra. Dejé el asombro y comencé a carcajearme. Él y toda su familia están locos. 
 Miré cómo organizaba su cabello, cómo tomaba un sorbo de la cerveza, sus comisuras. Lo miré meditar y observar a cada tanto el boleto arrugado de La Loto; lo tiraba al suelo, lo recogía y se lamenta diciendo «¿Por qué, Dios mío?».
 —Parecemos pendejos esperando a DiabolikBoy, ese maje ya no vino— le digo.
 —Perate un ratito. Tal vez cae— me dice. 
 —No. Seguro se durmió. Estaba bien pedo— le dije, y comencé a caminar. 
 —¿Dónde vas?— preguntó. 
 —Quiero caminar y estar solo. Ya vuelvo— sentencié. 
 —Va a llover. No te vayás lejos papaito.
 —Perfecto. Quiero algo así. Algo natural. Avanzo mirando al cielo. Un relámpago raja la noche y luego se escucha el estruendo. 
 —Loco, no me dejés solo— me dice el ApacheBoy. 
 —Otro día hablamos— le expreso, contundente. Miro mis botas. Jamás he odiado mis pasos. Voy en mi ruta; sin embargo odio la tediosa rutina. Por ello los amigos que tengo. Juntos somos un circo. Bueno, en todo caso DiabolikBoy se durmió. La lluvia comienza a caer, y está bien. A fin de cuentas es lo único real y verdadero.



Pic. Sam Pistols